sábado, 17 de octubre de 2009

INICIO DEL CURSO ACADEMICO 2009 / 2010



Dres. Académicos

Badajoz/Cáceres



Badajoz a 15 de octubre de 2009




La Academia de Ciencias Veterinarias de Extremadura

Tiene el honor de invitar a V.I. a la Sesión que esta Corporación celebrará el próximo día 27 de octubre de 2009, a las 18:00 horas, en el Salón de Actos de la Facultad de Veterinaria de Cáceres, en la que intervendrá el

Prof. Dr. Julio Jesús Tovar Andrada
Decano de la Facultad de Veterinaria de Cáceres

Dando lectura a la conferencia titulada:

"El PLAN BOLONIA en la fomación de los veterinarios”




Esta Academia se sentiría muy honrada con su presencia en dicho Acto.

domingo, 11 de octubre de 2009



La SOCIEDAD ESPAÑOLA DE CIRUGÍA VETERINARIA (SECIVE) celebra el próximo noviembre de 2009 su XVII congreso en la Facultad de Veterinaria de Cáceres. Esta sociedad científica acoge a los profesores universitarios de Medicina y Cirugía Animal con actividad docente, investigadora y asistencial en Cirugía, Diagnóstico por Imagen y Anestesiología; además de los veterinarios con actividad privada interesados en estas áreas de la Medicina Veterinaria.
Como es habitual, durante el congreso se contará con la presencia de reconocidos especialistas internacionales en las diferentes áreas de interés que disertarán sobre los procedimientos diagnósticos y terapéuticos más novedosos. Así mismo, será un foro de debate científico con presentación de comunicaciones libres sobre Cirugía, Anestesiología y Diagnóstico por Imagen en pequeños y grandes animales.



http://www.secive.org/

Recursos de vacunación contra la gripe H1N1






En esta temporada de gripe, los científicos esperan que tanto la gripe H1N1 de 2009 y como la gripe de temporada ocasionen más gente enferma que una temporada de gripe normal. También pueden producirse más hospitalizaciones y más muertes. Las vacunas son la herramienta más importante que tenemos para prevenir la influenza. Las primeras dosis de vacunas que protegen contra la influenza (gripe) H1N1 de 2009 comienzan a estar disponible y se enviarán más dosis en las próximas semanas. Los enlaces que aparecen a continuación le brindarán información acerca de las vacunas contra la gripe H1N1 de 2009. Para más información acerca de las vacunas contra la gripe estacional, hacer clic aquí.

jueves, 9 de julio de 2009

INFORMACIÓN SOBRE LA GRIPE A - SOCIEDAD ESPAÑOLA DE SANIDAD AMBIENTAL

Estimado compañero, la Dirección General de Salud Pública y Sanidad Exterior, del Ministerio de Sanidad y Política Social, se complace en poner a tu disposición la siguiente información:

Recent ECDC publications available online (June 2009) - Update
Since 30 April ECDC has been working on a number of documents related to the influenza A(H1N1) pandemic. As well as daily Situation Reports
(http://www.ecdc.europa.eu/en/Health_topics/novel_influenza_virus/2009_Outbreak/)
the following have been published or updated.

Frequently asked questions on influenza virus A(H1N1)
http://www.ecdc.europa.eu/en/files/pdf/Health_topics/FAQ_Influenza_AH1N1_090625.pdf

How to communicate response strategies to influenza A(H1N1)v: Mitigation versus delaying
http://www.ecdc.europa.eu/en/files/pdf/Health_topics/Key_messages_on_influenza_H1N1_Mitigation_vs_delaying_150609.pdf

Preliminary report on case-based analysis of influenza A(H1N1) in EU and EEA/EFTA countries
http://www.ecdc.europa.eu/en/files/pdf/Health_topics/060609_Preliminary_report_of_case-based_analysis.pdf

Analysis of influenza A(H1N1)v individual data in EU and EEA/EFTA countries
http://www.ecdc.europa.eu/en/files/pdf/Health_topics/0906_Influenza_A(H1N1)_Analysis_of_individual_data_EU_EEA-EFTA.pdf
An epidemiological analysis of the latest data on individual cases of A(H1N1)v provided by the national contact points for surveillance and the Early Warning and Response System contact points of the EU and EEA/EFTA countries.

ECDC Risk Assessment - Human cases of influenza A(H1N1)v
http://ecdc.europa.eu/en/files/pdf/Health_topics/0906_Influenza_A(HINI)_Risk_Assessment.pdf

First isolation of a secondary oseltamivir-resistant A(H1N1)v strain in Denmark
First isolation of a secondary oseltamivir-resistant A(H1N1)v strain in Denmark - Threat Assessment (01/07/2009)

Technical Report: Guide to public health measures to reduce the impact of influenza pandemics in Europe – ‘The ECDC Menu’
This document presents a menu of possible public measures to be taken during influenza pandemics, giving public health and scientific information on what is known or can be said about their likely effectiveness, costs (direct and indirect), acceptability, public expectations and other more practical considerations. The ‘ECDC Menu’ aims to help EU Member States and institutions, individually or collectively, decide which measures they will apply.

Possible target readership: policymakers, decision-makers, influenza experts, public health experts, general public, media.
Read more:
http://www.ecdc.europa.eu/en/files/pdf/Health_topics/0906_TER_Public_Health_Measures_for_Influenza_Pandemics.pdf

Recibir un cordial saludo,


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José Vte. Martí Boscà
Presidente de la SESA

martes, 16 de junio de 2009

LEISHMANIOSIS CANINA: ENFOQUE CLINICO


DISCURSO DE INGRESO COMO ACADEMICO CORRESPONDIENTE EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS VETERINARIAS DE EXTREMADURA DE
Dr. D. ANTONIO BLÁZQUEZ MARTIN

CÁCERES 27 DE ENERO DE 2009

Excmo. Sr. Presidente, Excelentísimos e Ilustrísimos Académicos, Sras., Sres., compañeros, familia y amigos todos, quiero comenzar este discurso agradeciendo a todos vuestra presencia y el apoyo que me transmite la misma.


Como de bien nacido es ser agradecido, quiero comenzar con un pequeño y sincero homenaje de agradecimiento a aquellas personas responsables de mi presencia hoy ante Uds.


Quiero agradecer a mis padrinos, Dr. D. Julio Tovar, Dr. D. David Reina y Dr. D. Domingo Rosado la confianza que han depositado en mi persona. Espero que mi camino dentro de esta academia les recompense y por mi parte sepa devolverles el honor que me dispensa su amistad.


Quisiera tener un recuerdo muy especial a dos responsables directos de mi doctorado, mis directores de tesis que me apoyaron, ayudaron y me guiaron hasta hacerme alcanzar un reto que para mi era mera utopia, el Dr. D. Ignacio Navarrete y el Dr. D. Carlos Gomez Nieto. Desde el cielo y desde la tierra, espero haceros sentir orgullosos.


No quiero ni puedo olvidarme del verdadero motor que me ha impulsado a plantearme retos durante mi vida y que siempre ha estado a mi lado, en la sombra, pero sin poder disfrutar de los éxitos alcanzados, mi padre. Se que hoy en el cielo también los festejaras. Hay otras personas que me han ayudado en mi vida tanto personal como profesional, las que me sufren a diario y a las que solo les he podido devolver pequeños momentos de orgullo como el que compartimos, mis mujeres, mi mujer, mi madre, y mi hermana.


Por último agradecer a todos los compañeros Veterinarios con los que he tenido el privilegio de trabajar. De todos he aprendido algo, bueno o malo, a todos he intentado transmitirles lo poco que se, pero todos han colaborado en mi desarrollo como profesional y en forjar aquello que la facultad no te enseña.


Cuando tuve la notificación de mi propuesta de ingreso en esta Academia de Ciencias Veterinarias, después de los minutos de acaloramiento y de prurito orgulloso que me originó esta distinción, empecé a tomar conciencia de la responsabilidad que este nombramiento conlleva la cual empieza a manifestarse en la preparación de un discurso de ingreso.


Sentado delante de la pantalla de mí ordenador a esas horas de la noche en la que es mi única compañía, durante varios días he admirado el color blanco de la pantalla sin poder escribir más que mi nombre en el encabezamiento. Y en estas horas de reflexión en las que afloran aquellos pensamientos que tenemos dentro de la mente pero que nunca hemos manifestado me he planteado como he llegado aquí.


Si alguien me dice hace 21 años, cuando abandone mi querida facultad de Córdoba, que iba a conseguir ser doctor en Veterinaria y miembro de una academia de ciencias le hubiera contestado que se cuidara un poco y que hay muchas cosas en esta vida que reblandecen las neuronas y de las cuales deberia alejarse.


Pero aquí estoy, delante del más selecto auditorio que podia imaginar, arropado por los que más me han ayudado en mi vida y ahora más que nunca me reafirmo en lo que siempre he sospechado que soy: un simple clínico veterinario.


Siempre he pensado que nuestra bendita profesión es una amalgama de vocación, estudio, rigor y lógica, aderezado con intuición y tenacidad. Mezclar bien esta ensalada es el truco del buen clínico veterinario. Ojala algún dia puedan decir de mi que he cumplido con esta receta.
Llegado al punto de elegir el tema de este discurso muchas dudas me han surgido. Alguien me dijo que tenía dos opciones: hablar de aquello que dominas o de aquello que siempre has querido decir pero nunca has tenido oportunidad. He de reconocer que esta segunda opción es la que me atraía en un principio, hablar de mi visión de esta profesión, pero bien aconsejado he desistido en aras de que este momento de gloria no se transforme en un momento de crispación y acaloramiento.


¿Y que tema domino para poder hablar a tan selecto auditorio sin toparme con el ridículo? En este punto la pantalla de mi ordenador se tornaba cada vez más blanca. Pero el único tema que me venia a mi cabeza era una enfermedad de la que sé poco, de la que he aprendido mucho y me ha acompañado durante los momentos más importantes de mi profesión como clínico veterinario: la Leishmaniosis canina.


Sería una falta de respeto por mi parte no dedicarle este discurso, gracias a ella estoy aquí y gracias a ella he conocido a lo mejor de esta profesión. Me enfrento a ella cada semana por lo que supone un importante porcentaje de los casos clínicos que veo en mi clínica y por ende un porcentaje no despreciable de los ingresos con los que intento mantener a mi familia y a mis Veterinarios. Por estas y otras razones creo que se merece este bichito que yo tenga el privilegio de hablarles de él.


Por otra parte, creo que es una temeridad por mi parte hablar de Leishmaniosis ante un foro con algunos de los más pestigiosos expertos en este tema y con la proximidad de un centro de investigación donde llevan años trabajando e investigando sobre la patogenia y la prevención de la Leishmaniosis. Pero este es otro de los momentos de mi carrera en que me puede la tenacidad y la vocación y como diría un buen amigo “entro al trapo como los Miuras”.
Una vez decidido el tema con el que espero quitarles unos minutos de sus vidas he de decidir que enfoque quiero dar a mi charla.


Que nadie espere oir en estos minutos nada nuevo, ni frutos de investigaciones sesudas, solamente podre decirles y explicarles mis escasos conocimientos profesionales y reflexionar un poco sobre el enfoque que, según mi modesta opinión, los Veterinarios clínicos debemos dar a esta enfermedad.


Hace unos meses en un artículo publicado en la web de Veterinario.org, leí los problemas que estaban teniendo unos Colegas argentinos que habían optado por el tratamiento de una perra diagnosticada de Leishmaniosis canina y no recomendar a sus dueños la eutanasia del animal, acusándoles de tratar una enfermedad zoonótica “que no tiene curación”. Este artículo me tuvo unos días bastante preocupado y reflexivo. Hace pocas semanas en un foro similar, el director del Centro Nacional de Diagnóstico e Investigación de Endemo-Epidemias (Cendie) del Ministerio de Salud de la Nación e Investigador Conicet Red de Investigación de Leishmaniasis en Argentina (Redila), Dr. Daniel Salomón, pedía responsabilidad social para frenar a la Leishmaniosis.
En muchas conversaciones entre compañeros, en grupos de trabajo y en conversaciones de cafes en congresos, surge la discusión: “¿debemos tratar la Leishmaniosis o debemos eutanasiar?”, “es una enfermedad incurable”, “los tratamientos no funcionan y estamos creando reservorios del parásito”.


Esta discusión puede sonar anticuada y fuera de lugar, pero les aseguro que en cada paciente diagnósticado de Leishmaniosis me asalta esta duda.


Pero otro merito que le podemos achacar a esta enfermedad es que ha cambiado el enfoque de los clínicos ante enfermedades crónicas y ha aguzado el ingenio o la curiosidad por nuevas formas de control de este parásito. Los veterinarios clínicos han tenido que desarrollar su instinto y sus conocimientos para compaginar la salud de los humanos con un concepto que hasta hace poco era tabú en los animales: la calidad de vida. Somos veterinarios que nos debemos a nuestros pacientes pero sin olvidar que somos sanitarios y que nuestro objetivo primordial es la salud humana.


La leishmaniosis es conocida en España desde comienzos del siglo pasado siendo referido el primer hallazgo por Pitaluga en 1912. Un caso visceral humano de un niño que vivía en las cercanías de Tortosa.

A partir de la década de los 70, se empieza a observar un incremento progresivo y constante de esta parasitosis.

Las leishmaniosis han sido enfermedades de declaración obligatoria en España desde febrero de 1982 con 1.574 casos acumulados hasta 1995. Sin embargo a partir del 1 de julio de 1996, por el que se establece el nuevo sistema de vigilancia epidemiológica, ha pasado a ser de notificación regional. Se notifican aproximadamente unos 120 casos por año, lo que significa 0'3 casos por cada 100.000 habitantes, se trata de una enfermedad hipoendémica con una prevalencia con discreta tendencia al alza.

Al igual que manifestaba mi querido y admirado Dr. D. Ignacio Navarrete en su discurso de ingreso a la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España, en absoluto estoy de acuerdo con las cifras que oficialmente se ofrecen. De hecho, existe una subdeclaración manifiesta, estimada para la leishmaniosis visceral entre el 25 y 40 % y casi el 100 % para la cutánea, al ser ésta de evolución benigna y recibir tratamiento, en la mayoría de los casos eficaz, en los centros de salud.

Cuado realizé mi tesis doctoral, intenté recabar información sobre casos de Leishmaniosis humana en mi zona de estudio y de trabajo, incluso pretendí realizar un estudio serológico con sueros sanguineos humanos para obtener más datos reales sobre la incidencia de esta enfermedad y su importancia zoonótica. No conseguí mi objetivo, pero sí evidencié en charlas con diversos médicos internistas que se diagnostican casos de leishmaniosis humana.

Tradicionalmente la leishmaniosis visceral humana de la cuenca Mediterránea ha afectado a niños de corta edad, sin embargo en los últimos 15 años se ha detectado un cambio espectacular en la epidemiología de esta parasitosis en el suroeste de Europa. Este cambio tiene que ver con la asociación entre las infestaciones por leishmaniosis y el SIDA.

Desde 1985 se han notificado más de 800 casos de esta coinfestación en el sur de Europa, de los cuales 400 pertenecen a España. La OMS estima que 1'5 a 9 % de todos los enfermos de SIDA del sur de Europa desarrollan leishmaniosis visceral. Pero aunque estemos ante una clara subdeclaración de casos de esta zoonosis, hemos de ser conscientes de que este bichito convive con nosotros y hemos de enfrentarnos a él.

P. Desjeux, miembro de la OMS, en el forum sobre Leishmaniosis celebrado en Sevilla en el año 2002, hablaba de la urbanización de las Leishmaniasis, señalando que los cambios ecológicos, demográficos y medioambientales relacionados con nuevos proyectos de desarrollo, urbanización y grandes movimientos de población están conduciendo a un aumento a escala mundial de consecuencias sanitarias adversas. Los aumentos en los factores de riesgo relativos a los cambios medioambientales naturales y a los causados por el hombre están convirtiendo la Leishmaniasis en un asunto de salud pública de interés creciente para muchos países del mundo.

Por lo que respecta a la prevalencia de la Leishmaniosis canina en nuestro pais, se estima entre el 8 – 9 % de media, destacando regiones donde la prevalencia puede superar los 16-17 % e incluso zonas concretas donde se han detectado prevalencias próximas al 25 – 30 %.

Pero como dato interesante debemos saber que en regiones endémicas como en la que nos encontramos se han puesto de manifiesto un 50 – 60 % de perros seropositivos pero que no presentan síntomas externos de la enfermedad. Entre estos perros asintomáticos, un 20 % presenta leishmanias en la piel, siendo estos animales los auténticos portadores del parásito y los que presentan un mayor riesgo epidemiológico.

La detección y control de estos perros portadores asintomáticos es el gran reto que tenemos los clínicos veterinarios para intentar controlar esta enfermedad.

En 1999, en un estudio realizado en la comarca tarraconense del Priorato (Fisa et al., 1999), se demostró que un 15% de perros infectados son capaces de recuperarse y eliminar los parásitos espóntaneamente.

Los perros sintomáticos van a desarrollar la enfermedad de manera más o menos rápida, influenciado por diferentes factores intrínsecos del perro y modificables por la instauración de un protocolo terapeútico apropiado.

Los Drs. Gradoni y Alvar (Gradoni et al., 1987; Alvar et al., 1994) demostraron que aquellos perros que reciben tratamientos con antimoniales en torno a un 70% responde clinicamente a la terapia, aunque menos de un 20% lo hacen de manera estéril, de manera que muchos van a sufrir recidivas y otros permaneceran infectados pero asintomáticos. Tanto en estos como en los que se reactiva el proceso se recobrará la capacidad infectiva hacia los flebotomos, por lo menos en un porcentaje de casos que podría rondar el 20- 30%. En estos últimos años estamos viendo que la enfermedad no es tan simple como aprendimos en la facultad, no se desarrolla igual en todos los animales y estas diferencias son las que debemos conocer para enfrentarnos a ella de manera correcta.

Y aquí es donde quiero centrar los minutos que nos quedan juntos, como nos enfrentamos o debemos enfrentarnos los Veterinarios clínicos a esta enfermedad.

Doy por sentado que el diagnóstico clínico de la enfermedad está suficientemente dominado por los clínicos extremeños y españoles pero hemos de recordar que la patogenia de esta enfermedad incluye una gran variedad de síntomas sin olvidar la presencia de casos asintomáticos como hemos señalado.

No debemos esperar que la enfermedad se nos manifieste sino buscarla, la primera batalla clínica la ganaremos con un diagnóstico precoz. En zonas endémicas como en la que nos encontramos, aunque podiamos incluir ya casi el 80 % del territorio nacional en este endemismo, los controles rutinarios de Leishmaniosis en perros sanos debería ser una práctica habitual en nuestras clínicas y hospitales.

En el mercado contamos con una gran variedad de kit de diagnóstico de fácil uso, rápidos y muy útiles, pero la mayoria de ellos y por ende la mayoria de los que se utilizan en la clínica diaria solo nos informan de la presencia o ausencia de anticuerpos de Leishmania en nuestro pacientes, es decir, si son positivos o negativos sin cuantificar el nivel de anticuerpos.

Considero que cuantificar el nivel de anticuerpos es muy importante tanto para determinar que pauta de tratamiento a instaurar como para monitorizar y controlar la efectividad de los mismos. Existen en el mercado diversos kit Elisa sencillos que permiten ser cuantificados mediante la lectura de los resultados con simples fotómetros, utilizables para otras técnicas diagnósticas habituales en clínica. Existen multitud de laboratorios de referencia donde realizar IFI con lo cual no es dificil ni costoso realizar esta cuantificación del grado de infestación que presentan nuestros pacientes. Las técnicas de biologia molecular o PCR estan aportando una gran ayuda en el diagnóstico de la enfermedad sobre todo a la hora de descartar falsos negativos.

Pero no solo nos vale saber si el animal está o no infestado. Antes de instaurar un tratamiento debemos de realizar otras pruebas al animal para tener más información sobre su estado patológico y poder evaluar si nos enfrentamos a un animal con probabilidades de éxito o abocado al fracaso terapeútico.

Debemos determinar tres parámetros sanguineos fundamentales: Urea, creatinina y proteinas totales. Evaluar el nivel de funcionalidad renal es importantisimo para saber si podemos instaurar un tratamiento con éxito o no.

En nuestra clínica tenemos protocolizado el diagnóstico de la leishmaniosis canina siguiendo los pasos descritos:
1. Serologia de leishmania mediante técnica de Elisa con cuantificación mediante fotómetro a 450 nm
2. Determinación de Urea, creatinina, proteinas totales y cociente albumina / globulina.

De todos es conocido que la Leishmaniosis canina cursa con hiperproteinemia debida a una hiperglobulinemia, hipoalbuminemia y azotemia.

Está demostrado, y así lo reflejan en un reciente artículo el departamento de Patologia clínica de la Universidad de Extremadura firmado por el Dr. Barrera y col., que el título de anticuerpos se correlaciona con el proteinograma, más concretamente con la concentración de de inmunoglobulinas, detectándose un hipergammaglobulinemia que desencadena una respuesta humoral intensa pero ineficaz.

La evaluación de la función renal del paciente es fundamental ya que sabemos que en fases avanzadas de la enfermedad se desarrolla una insuficiencia renal como consecuencia de una glomerulonefritis inmunomediada con nefritis intersticial y a veces amiloidosis.

La azotemia es uno de los parámetros sanguineos más característicos de la enfermedad. La determinación de los niveles de urea y creatinina en sangre tienen un importante valor pronóstico. El diagnóstico de una insuficiencia renal avanzada va acompañado de un mal pronóstico. En estos casos el empleo de medicamentos que originen nefrotoxicidad deben estar contraindicados.

Títulos considerados medio / altos, con insuficiencia renal manifiesta severa e hiperproteinemia, hemos de plantearnos que la probabilidad de éxito va a ser excasa. Si sometemos a estos animales a tratamiento debemos instaurar en primer lugar un control de la insuficiencia renal y si reducimos esta patologia podremos instaurar tratamientos leishmanicidas.

No voy a detenerme en el diagnóstico parasitológico de la enfermedad mediante la visualización directa del parásito en biopsias por aspiración de ganglios linfáticos, médula ósea o bazo. Este tradicional método de diagnóstico no nos aporta información adicional al diagnóstico clínico descrito y requiere cierta práctica tanto en la toma de muestras como en la identificación del parásito.

En los últimos años se han publicado un buen número de artículos y tesis sobre un tema fundamental que hasta ahora los clínicos hemos pasado un poco por alto, la inmunopatología de la enfermedad.

En los estudios epidemiológicos, entre los que incluyo mi tesis doctoral, hemos intentado buscar relaciones entre la incidencia de la enfermedad y patrones raciales, sexo, tipo de pelaje, aptitudes, sin llegar a establecer una relación significativa entre estos factores y su incidencia. Pero si eramos conscientes los clínicos de que la Leishmaniosis canina no cursaba de igual forma en todos nuestros pacientes, ni siquiera las mismas pautas de tratamiento eran igual de efectivas en distintos perros. Los conocimientos en la inmunopatología de la enfermedad nos estan desvelando misterios y doy por sentado que seran los responsables en la revolución terapeútica que se avecina.

Para un veterinario clínico es muy importante conocer esta parte de la patología de la enfermedad y no pasarla por alto. Debemos conocerla para entender como se está desarrollando la infección en nuestros pacientes, como esta evolucionando la respuesta terapeútica y explicar al propietario por que su perro responde o no al tratamiento.

Hasta hace unos años no se conocía mucho sobre la inmunopatología de la Leishmaniosis. Hoy sabemos que la variabilidad genética del perro es la que sustenta la respuesta inmunitaria determinando los distintos grados de susceptibilidad y resistencia frente a la infección por ese parásito. Los datos que se conocen sobre la patogénesis de la Leishmaniosis canina son todavia limitados y proceden en su mayoria de los análisis de infecciones naturales y reproducciones experimentales con la especie Leishmania infantum zimodema MON-1, por ser este la especie aislada más frecentemente en diferentes especies de hospedadores.

Asi Miralles y col en 1994, estudiando la infección por Leishmania major en ratones, demostraron que existían dos tipos de respuesta inmune:

· Un grupo de ratones BALB/c no lograban eliminar el parásito debido a una respuesta induccida por linfocitos T “helper” Th2, supresores, productores de interleucinas 4 y 10.

· En cambio los ratones genéticamente resistentes (C57BL/6, CBA) presentaban una respuesta celular muy activa basada en la producción de linfocitos T ”helper” Th1 con la producción de interferon gamma y otras infocinas inductoras de macrófagos.

Diferentes investigadores en la última decada, como Pinelli y col. 1994, Vouldoukis y col 1996 o Bourdoiseau y col. 1997, han extrapolado el modelo murino al modelo canino pudiendo encuadrar a los perros en dos grupos diferenciados:

a. Perros que podemos denominar “resistentes” a la infección: en los que predomina la respuesta celular tipo Th 1, que estimula la producción de interferon gamma, interleucina 2 y factores de necrosis tumoral TNF, potentes activadores de los macrófagos que van a neutralizar al parásito.

b. Perros “sensibles”: los cuales van a manifestar una respuesta mediada por linfocitos Th2, inductores de interleucinas 4 principalmente las cuales van a estimular la producción de linfocitos B que a su vez van a dar lugar a una hipergammaglobulinemia inespecífica con producción masiva de anticuerpos anti-leishmania no protectores y la formación de abundantes inmunocomplejos responsables de la amplia variedad de síntomas.

Esta variabilidad en la respuesta a la infección provoca que en focos endémicos el 40 – 50 % de los casos corresponden a formas patentes o sintomáticas, un 30 – 40 % pueden ser considerados como formas preclínicas de la enfermedad y entre un 10 y 30 % representan los verdaderos estados de resistencia canina con tendencia al control de la infección o autocuración.

Desde el punto de vista clínico, los perros suceptibles que como hemos dicho presentan una marcada respuesta de anticuerpos detectables por técnicas ELISA o westernblotting a las pocas semanas de infección apareciendo los sintomas clínicos tipicos de la enfermedad a los pocos meses junto con las alteraciones analíticas sanguineas. Las formas resistentes en las que predomina una respuesta celular, los sintomas de la enfermedad estan ausentes o si aparecen son mínimos o de muy lenta aparición, no manifestando alteraciones hematopoyéticas, hepáticas o renales, siendo los niveles de anticuerpos bajos.

Por otro lado una terapia efectiva de la enfermedad debe ir acompañada de una disminución significativa del nivel de anticuerpos que reflejara una muerte del parásito y eliminación de antígenos.

El estudio de estas bases inmunológicas y moleculares del hospedador y del parásito, han aportado conocimientos sobre los mecanismos de activación de los macrofagos en las respuestas celulares, asi sabemos que la acción sinergica de citoquinas originadas en las respuesta celular Th 1 como interferon gamma y factores de necrosis tumoral TNF sobre los macrofagos infectados, produce la activación de la enzima óxido nitrico sintetasa (NOS) que genera óxido nitrico (NO), responsable de la muerte intracelular de la Leishmania.

En estas formas fenotípicas distintas de perros, susceptibles y resistentes, la respuesta inmunitaria es la que va determinar el desarrollo de la enfermedad en el perro, las parasitosis agudas graves y letales o parasitosis más leves o incluso el no desarrollo de la enfermedad. La relación que establecen desde un principio el parásito y su hospedador se entiende como una batalla por la supervivencia del parásito, en la que las células hospedadoras, células fagociticas, y las células relacionadas con la respuesta inmunitaria, linfocitos, van a determinar no solo el grado de contención y muerte de la Leishmania sino las repercusiones patológicas que la inmunidad tiene sobre el propio organismo infectado con la formación de inmunocomplejos.

Como hemos señalado con anterioridad los aspectos diagnósticos, inmunopatológicos y de control de la enfermedad han experimentado importantes avances, pero en lo que respecta a la terapeútica de la Leishmaniosis canina no contamos con avances destacables que ayuden a los clínicos. Conocemos mejor la enfermedad, la diagnosticamos mejor pero no tenemos una arma eficaz para ofrecer tratamientos de garantia a nuestros pacientes y esto para un clínico es desesperante y dificil de explicar a nuestros clientes.

Las drogas que utilizamos para combatir al parásito son las mismas que las que teniamos hace 20 años, pero si que hemos aprendido a dosificarlas mejor y a combinar distintas drogas con un mayor efecto en el control de la enfermedad.

Pero antes de detenerme breves instantes en hablar de medicamentos y pautas de aplicación, quisiera reflexionar un poco y enlazar con la cita que señalabamos al principio de esta exposición de nuestros colegas argentinos. ¿Debemos tratar o no a los perros con Leishmaniosis?

Una cosa que no me enseñaron en la facultad es psicologia o como dicen nuestro “parientes” los médicos, técnicas de atención al paciente. Y es que nosotros tenemos dos pacientes, el que no habla y sufre y el que habla, paga y también sufre. La información al propietario es importantísima, tanto o más que el tratamiento que vayamos a instaurar.

Hemos de explicar que enfermedad tiene su perro, como cursa, como se contagia, que posibilidades de éxito o fracaso podemos tener y por supuesto que es una zoonosis pero explicándole el riesgo real de contagio que puede tener.

Hemos de conocer en que entorno familiar vive el animal infestado, si hay niños pequeños o enfermos inmunodeprimidos conviviendo con el perro. Tenemos que implicar al propietario en la decisión de tratar o no tratar, manifestando siempre que nos enfrentamos a una enfermedad que no se cura pero que se controla. No olvidemos el lema que nos acompaña desde que nos licenciamos: hygia pecuris, salut populis. No olvidemos que nuestro objetivo es la salud de nuestros pacientes sin poner en peligro la salud de nuestra especie.

Enfermedad que no se cura. Les puedo asegurar que en los 20 años que llevo enfrentándome a este parásito siempre me surge esta duda.

Siempre hemos estudiado que esta enfermedad se cura clínicamente pero no parasitológicamente. Pero ¿que pasa en aquellos perros en los que hemos conseguido una curación clínica y durante meses o incluso años el diagnóstico serológico nos da títulos negativos, es decir no detectamos anticuerpos anti-leishmania?.

Hace unos años en una reunión de trabajo organizada por Bayer con clínicos y expertos nacionales en Leishmania, este tema ocupó largas y sesudas discusiones.

¿Cómo podemos decir que el perro no esta curado si no presenta síntomatologia y da titulaciones serológicas negativas?
¿Por qué si este animal tras varios años de ser negatico presenta recidiva, esta no se debe a una reinfestación del perro y no a una exacerbación del proceso parasitario?

Hasta la fecha no he encontrado respuestas que me iluminen y me aclaren estas dudas. Pero como no puedo solucionar este tema, debo seguir los criterios que he aprendido y considerar que clínicamente estos animales se curan pero en algún lugar de su cuerpo el bichito sigue vivo y puede exacerbarse en cualquier momento apareciendo de nuevo la sintomatologia propia de la enfermedad. La conclusión que saco es que no se puede bajar la guardia y que tan importante es el protocolo de tratamiento a instaurar como el control periódico de los animales tratados.

Permitanme una pequeña licencia y recordar en este momento a un ser vivo que me ha acompañado durante años, que ha enseñado a andar a mis hijos y que les ha servido de juguete animado ayudándoles a desarrollar sus capacidades sociales. Tona era una perra Rottweiler a la que mi mujer y yo salvamos de una eutanasia tras un diagnóstico de Leishmaniosis. Mirándome con unos ojos indescriptibles no pude realizar la eutanasia que pedía su anterior dueño y se quedó a vivir con nosotros. Respondió fenomenal al tratamiento que le aplique y entenderan que los controles analíticos a los que la sometí fueron más que periódicos. En 11 años que vivió con nosotros tan solo tuvo una recidiva a los 5 años de su primer tratamiento, superándola satisfactoriamente. Pero lo que no pudo superar fueron las metastasis pulmonares y cardiacas de un fibrosarcoma mamario. Vaya para ella un cálido recuerdo para este ser adorable que siempre tendrá un lugar en el corazón de mi familia.

En el protocolo que tenemos instaurado en nuestra clínica, tras el diagnóstico de la enfermedad, 3 parámetros son los que consideramos antes de decidirnos por un tratamiento o no:

1. Titulo serológico
2. Funcionalidad renal y hepática
3. Condiciones sociales y de entorno del animal

Perros con titulaciones medio /alta, con insuficiencia renal manifiesta (determinada por niveles de Uremia superiores a 40 mg/l y Creatinina superior a 1,5 mg /l), no recomendamos su tratamiento a no ser que el propietario insista en intentar la salvación del animal.

Si el ambiente familiar en que vive el paciente es considerado de riesgo (convive con personas consideradas de riesgo, convive intimamente con el propietario, dentro de su casa, convive con otros animales sanos suceptibles de padecer la enfermedad) insistimos en la información del propietario e implicarle en la decisión de no tratar al animal.

Quiero señalar aquí los estudios realizados por los grupos de trabajo del Grupo de estudio de Leishmaniosis canina (G.S.L.C.) donde colaboran cientificos italianos y españoles. En Mayo de 2008 publicaron el estudio Leishmaniosis canina: línea guía sobre su diagnóstico, clasificación clínica, tratamiento, monitorización y prevención. Es interesante la clasificación basada en la sintomatología y las posibilidades de tratamiento, asi como los protocolos de tratamiento propuestos.

Una vez que junto con el propietario hemos decidido tratar al animal debemos elegir la pauta de tratamiento a emplear. En nuestro protocolo de tratamiento tres puntos consideramos fundamentales:

1. Tenemos que matar al bichito, hemos de eliminar el parásito y para ello tenemos que utilizar drogas leishmanicidas
2. Tenemos que impedir que el parásito de reproduzca y sea infectivo por lo que tenemos que utilizar medicamentos leishmaniostáticos.
3. Tenemos que potenciar el nivel de defensas del animal, potenciar su capacidad inmunológica y a falta de la ansiada vacuna contra leishmaniosis canina, hemos de utilizar lo que tenemos en el mercado y en la naturaleza para aumentar la inmunidad y las defensas de nuestros pacientes.

Hemos de concienciar al propietario y a nosotros mismos que no podemos olvidar que nuestro paciente se enfrenta a la Leishmaniosis y que los controles de la enfermedad deben ser periódicos y rutinarios, siendo este punto tan importante como su tratamiento

En cuanto a los tratamientos Leishmanicidas utilizamos, al igual que el 95 % de los clínicos españoles los antimoniales pentavalentes, en concreto el antimoniato de n-metilglucamina (Glucantime). Está sobradamente demostrada la eficacia de este compuesto en el bloqueo del metabolismo y muerte del parásito siendo por tanto el fármaco de primera elección para enfrentarnos a la Leishmania. En los últimos años si que se han variado pautas de tratamiento y sobre todo los estudios de su farmacocinética han demostrado que la via de administración más adecuada es la subcutanea repartiendo la dosis en dos inoculaciones diarias cada 12 horas. El uso de dosis superiores a 100 mg/kg/dia, por vias endovenosa o intramuscular, en periodos largos o incluso en días alternos provoca la ineficacia del tratamiento y lo que es más gravaso, la aparición de resistencias al medicamento. No olvidemos que esta droga puede tener importantes efectos secundarios debido a su toxicidad, pero hoy en dia no podemos prescindir de su uso.

Desde hace varios años el éxito del tratamiento con antimoniales radica en su combinación con análogos de las purinas o pirazolopirimidas (Alopurinol). Baneth y Shaw, 2002 y Noli, 2005 demostraron que la asociación de estos dos principios activos es sinérgica, observándose una mayor eficacia que permite administrar dosis inferiores durante menos tiempo, lo que favorece la tasa de curaciones y que las recidivas se presentan más tarde y más espaciadas en el tiempo.

Pero el Alopurinol, que no olvidemos que es una droga que carece de efecto leishmanicida tiene otra característica que no debemos olvidar los clínicos, su uso preventivo. Molina en 2002, en un estudio sobre la infectividad de perros sometidos a diferentes protocolos de tratamiento, concluyó que una vez finalizado un ciclo de tratamiento el uso de alopurinol durante los meses de transmisión de la enfermedad bastaría para impedir la transmisión al no ser infectivos los animales aun después de ser picados por los flebotomos. Este efecto está provocando la tendencia a utilizar esta droga durante largos periodos de tiempo e incluso hay clínicos que recomienda su uso de por vida, pero seran necesarios estudios de seguimiento de perros tratados con este principio activo para evaluar el momento en que se puede o se debe retirar del tratamiento.

Se describen un buen número de farmacos empleados en diferentes protocolos de tratamiento de la Leishmaniosis.

Antibióticos poliénicos como la Anfotericina B, empleado frecuentemente en medicina humana pero las particularidades de su aplicación, sus reacciones adversas, su nefrotoxicidad y su elevado coste, hacen que no sea un fármaco de elección en clínica veterinaria. Actualmente el uso de anfotericina en formas liposomadas mejora la efectividad y reduce los efectos secundarios, pero no evita las recaidas.

Antibióticos aminoglucosidos como la Paramomicina, aunque se desconoce su mecanismo de acción como leishmanicida, se ha comprobado que su empleo provoca mejoria clínica e incluso curación parasitológica con reducción significativa del número de anticuerpos, aunque para conseguirlo hay que emplear dosis altas con efectos secundarios graves. Oliva, Grandoni y col., en 1998, comprobaron que el uso combinado de esta droga y antimoniales pentavalentes mejoraba sensiblemente los signos clinicos y parasitológicos de los perros, siendo sensiblemente mayor esta mejoria que empleando estos farmacos de forma individual.

La Marbofloxacina es una fluoroquinolona de 3ª generación de uso veterinario que ha demostrado un efecto leishmanicida contra Leishmania infantum actividad relacionada con la produción de óxido nitroso de marcado efecto contra el parásito. Es muy interesante el estudio realizado por Vouldoukis y col. en 2006 sobre la efectividad de esta droga, llegando a la conclusión que las fluoroquinolonas tienen un importante efecto sobre las formas intracelulares de Leishmania, señalando asi mismo el efecto inmunomodulador in vitro de este compuesto que induce a la síntesis de interleucinas 2 e inhiben la sintesis de interleucinas 1. Estos efectos inmunomoduladores de este grupo de antibióticos requieren estudios clínicos más profundos y exahustivos pero abren una puerta al optimismo.

La aparición en el mercado de nuevos fármacos registrados en la lucha contra Leishmania como los alquilfosfolípidos, en concreto la Miltefosina, fármaco empleado en medicina humana como anticancerigeno y avalado por pruebas realizadas en la India en humanos afectados con Leishmaniosis, es prometedora pero seguimos con los efectos secundarios importantes achacables posiblemente a un desajuste en la dosis aplicada y a que la via de aplicación es la via oral. En 2007 Miro y col. realizaron un estudio comparando la efectividad de la combinación tradicional antimoniales/alopurinol con Miltefosina/alopurinol, encontrado en ambos grupos los mismos porcentajes de mejoria clínica y parasitológica tras 28 días de tratamiento.

Se han probado otras drogas contra en la lucha contra la Leishmaniosis canina, como los imidazoles como el ketoconazol o el metronidazol, pentamidinas, otros antibióticos como la espiromicina o la enrofloxacina, demostrando todos un relativo efecto leishmanicida pero importantes efectos secundarios.

Ninguno de los protocolos probados clínicamente hasta la fecha ha conseguido desplazar de la cabeza del ranking de la lucha contra la leishmaniosis canina a la asociación e antimoniales y alopurinol.

Pero no quisiera terminar de hablar de los tratamientos contra el bichito que nos acompaña esta tarde sin hablar de los fármacos que tienen efecto inmunomodular. Hemos reseñado anteriormente la importancia de la relación entre el parásito y el sistema inmunitario del hospedador y hemos remarcado que una respuesta inmunitaria correcta va influir en la aparición de animales que no desarrollen la enfermedad.

Si nos centramos en el sistema inmunitario, una respuesta inmunitaria celular acompañada de una activación de los macrófagos, la vamos a considerar como una inmunidad protectora. Diferentes drogas inmunoestimulantes se han probado en el tratamiento contra la Leishmaniosis canina como el levamisol, las citoquinas, la domperidona o los beta glucanos. Todos ellos tienen un efecto in vitro demostrado como potenciadores de la inmunidad celular, pero son muy escasos los trabajos que describan sus efectos y su dosificación. Si nos basamos en lo poco que conocemos de estas drogas y las pruebas que hemos realizado en nuestras clínicas siguiendo nuestra intuición y los intercambios de conocimientos en pasillos de congresos y al abrigo del correo electrónico, me atrevo a afirmar que este grupo de fármacos son un importante recurso terapeútico que junto con los protocolos tradicionales debe ayudar al clínico veterinario a mejorar los porcentajes de curación y el control de la enfermedad.

Debemos utilizar todos aquellos recursos que la ciencia y la naturaleza ponen a nuestro alcance por lo que no podemos obviar el empleo de estos potenciadores de la inmunidad celular mientras esperamos que la vacuna antileishmania esté a nuestro alcance.

Me van a permitir que no hable de la vacuna o de las vacunas antileishmania ya que como clínico no tengo a mi alcance datos relevantes sobre las mismas y seria un atrevimiento por mi parte dar una opinión sobre medicamentos que estan en fase de estudio.

Como hemos señalado anteriormente tan importante es el tratamiento como el control de la enfermedad. Los clínicos a veces nos centramos en demasia en aplicar drogas buscando una mejoria rápida del animal que contente a su dueño, pero nos olvidamos de dar un paso más y pasamos por alto la prevención de las recidivas y de la diseminación del parásito.

El control de la Leishmaniosis pasa por la reducción de la prevalencia de la enfermedad en el perro. El debate ante un perro enfermo siempre ha girado en torno a la disyuntiva de sacrificio o tratamiento. Recordemos a nuestros colegas argentinos que señalaba al principio de mi intervención.

La Organización Mundial de la Salud sigue recomendando el sacrificio de los perros infectados por Leishmania infantum, pero reconoce asi mismo la dificultad que entraña la implantación de esta medida en paises con una gran sensibilidad hacia los animales (WHO, 1990). Con excepción de la región occidental de China, donde parece haberse erradicado la enfermedad humana y canina aplicando sacrificio de animales seropositivos y rociamiento intradomiciliarios de insecticidas, en el resto de programas de control a gran escala donde se ha recurrido al sacrificio de animales infectados, los resultados han sido bastante pobres.

En Brasil, el incremento de la enfermedad es constante en los últimos 20 años, a pesar de la instauración de programas de control consistentes en el roziamiento con insecticidas residuales de más de 200.000 viviendas y el sacrificio de unos 20.000 perros seropositivos por año.

En la Isla de Elba (Italia) se combinó el tratamiento con el sacrifico y se consiguió reducir la incidencia en casi un 50 % en dos años.

De estos estudios se saca la conclusión que estas medidas serán más efectivas si se circunscriben a áreas geográficas reducidas y el sacrificio se centra en animales abandondos o vagabundos infectados. Hemos de señalar que un 25 % de la población canina española carece de control veterinario, lo que supone más de 1 millon de perros. Las perreras incontroladas, las rehalas donde abunda el hacinamiento y aunque sea objeto de polémicas, las perreras municipales o albergues de sociedad protectoras que carecen de control por falta de recursos, son un foco importantisimo de dispersión del parásito. En nuestra práctica clínica diaria hemos detecado perreras con más de un 80 % de seroprevalencia y donde la recomendación de eutanasiar a estos animales choque con violentos enfrentamientos entre los auto-denominados defensores de los derechos de los animales.

El control de la Leishmaniosis debe centrarse en los que respecta a los clínicos veterinarios, en:
· Un diagnóstico precoz y tratamiento de los perros infectados
· La recomendación de medidas preventivas encaminadas a romper el ciclo de transmisión del parásito, basadas estas en dos aspectos fundamentales:
o Empleo de insecticidas con efecto residual en ambientes domésticos y peridomésicos
o Aplicación de productos repelentes en los perros para reducir el número de picaduras.

La recomendación de la instauración de estas medidas no debe ser ajena al trabajo diario de los clínicos veterinarios.

Los insecticidas de elección para la lucha contra los flebotomos en ambientes domésticos y peridomésticos son la Permetrina y la Deltametrina. Pero como todos los piretroides, debemos saber que son fotosensibles y termosensibles, por lo que su aplicación debe realizarse con corta periodicidad y dirigirse a paredes, quicios de puertas, grietas de paredes y ventanas, barbacanas, perreras, gallineros, agujeros, registros de cañerias, troncos de arboles, etc. Esta medida de control correctamente aplicada, han demostrado su eficacia reduciendo drásticamente las picaduras de mosquitos en pequeñas colectividades, residencias caninas, criaderos, chalet, casas rurales, etc. Su aplicación a gran escala en zonas residenciales, jardines, supondria una gran ayuda a la disminución de la prevalencia del parásito.

Distintas plantas presenta cierta acción repelente contra los mosquitos. Así el uso de la Albahaca, la Citronella, el jazmin de olor, la Catalpa, la Maravilla o la Higuerilla en jardines y ventanas puede ayudarnos al control de los vectores. En este sentido científicos del centro Nacional de Recursos Genéticos Vegetales (NBPGR) de la India, han demostrado la existencia de características para repeler a los mosquitos en el geranio Almoria.

En los últimos años han aparecido en el mercado diferentes productos de aplicación tópica en los perros encaminados a la interceptación de la picadura de los flebotomos. Estos productos en forma de lociones, collares impregnados, pulverizaciones o pipetas spot-on, han demostrado su eficacia en distintos estudios de campo. La combinación de Permetrina, un piretroide sintético, combinados con Piriproxifeno, inhibidor del crecimiento de insectos, o con Imidacloprid, insecticida nicotinoide, en aplicaciones periódicas cada 3 – 4 semanas, provocan un doble efecto como repelente e insecticida frente a los principales flebotomos transmisores del parásito en nuestro pais como Ph. Perniciosus y Ph. Papatasi (Miró, 2006).

Como conclusiones finales a lo expuesto esta tarde, desearia recalcar que:

1. El diagnóstico precoz de la enfermedad utilizando las técnicas disponibles en el mercado dene ser instaurado como protocolo de rutina en las pruebas laboratoriales de nuestras clínicas, sin olvidar el elevado porcentaje de animales infectados asintomáticos. Los diagnósticos parasitológicos de la enfermedad deben ir acompañado de pruebas complementarias encaminadas a una valoración clinica exhaustiva que determinará el pronóstico del tratamiento a instaurar.

2. La aplicación de protocolos terapeúticos unificados y coherentes con las investigaciones recientes, es imprescindible para evitar la aparición de resistencias. El empleo de medicamentos inmunomoduladores potenciadores de una inmunidad celular, junto con otros tratamientos coadyuvantes encaminados a controlar la insuficiencia renal, las dermatitis, etc, deben ir encaminados a mejorar la respuesta protectora de los perros y por consiguiente mejorar la calidad de nuestros tratamientos y la calidad de vida de nuestros pacientes.

3. El seguimiento de los animales enfermos ha de ser lo más estricto posible. Debemos recalcar a los propietarios la importancia de realizar controles periódicos, trimestrales al principio y posteriormente semestrales.

4. El empleo de insecticidas con demostrada acción repelente resulta imprescindible en el control de la enfermedad, sobre todo durante el periodo de actividad de los flebotomos que se centra en nuestra zona entre los meses de Marzo y Octubre.

5. La información correcta al propietario recalcando que estamos ante un problema de salud pública y que su implicación es fundamental para desarrollo correcto de un plan terapeútico eficaz. El control drástico de colectividades como las rehalas, perreras, criaderos y animales vagabundos se hace imprescindible para la disminución de la prevalencia de la enfermedad.

Por último quisiera hacer mia la reflexión final de los Dres. Guadalupe Miró y Ricardo Molina en su estudio sobre el “manejo clínico y situación de la Leishmaniosis en España”:

“es por tanto hora de unificar criterios y, aunque todos sabemos que en la leishmaniosis canina hay que individualizar cada caso, nos atreveriamos a sugerir a todos los clínicos veterinarios que manejan casos en zonas endémicas que racionalicen sus protocolos, lo que nos permitirá comparar los resultados obtenidos y practicar una medicina veterinaria clínica basada en la evidencia. Y sobre todo, que esta unidad de criterio sirva para transmitir un grado mayor de responsabilidad y coherencia en el manejo de esta compleja zoonosis, lo que redundará sin lugar a dudas en adquirir una mayor credibilidad entre los propietarios de los perros”.

Gracias a todos por su atención.

EL SEXTO DÍA


REAL ACADEMIA DE CIENCIAS VETERINARIAS DE EXTREMADURA
SOLEMNE SESIÓN DE INVESTIDURA COMO ACADÉMICA CORRESPONDIENTE.

Discurso de Ingreso. 17 de febrero de 2009
Dra. Dña. Eva Mª Pérez Merino.



Ilmo Sr. Presidente,
Ilustrísimos Sres. Académicos,
Señoras y Señores.

Quiero que las primeras palabras que pronuncio en esta Academia sean para agradecer a todos y cada uno de a los ilustres académicos que la componen, el voto de confianza que han depositado en mí al admitirme en esta sabia institución, y también, su calurosa acogida. Me siento muy honrada y solo espero no decepcionarles en demasía.
A ellos me dirijo y también al resto de la audiencia, para confesarles hoy que, a tono con el ambiente de crisis que nos rodea, recientemente he descubierto que yo misma soy una persona cargada de deudas.
Estoy en deuda con mi padre y con mi madre. A mis padres les debo este cuerpo físico y todo el bagaje moral, el comportamiento ético y la educación que lo completan. Les debo cantidades ingentes de desvelos, de dedicación y de cariño. También les debo una enorme cantidad de dinero, porque hay que ver lo cara que es la crianza y la instrucción académica de una hija, sobre todo si esta es manirrota y dispendiosa, como es el caso. Toda esta deuda se acrecienta al extenderse hasta la siguiente generación, que disfruta de su fervor, y del mejor servicio de transporte escolar, comedor infantil y centro de juegos que un niño pueda tener.
Estoy en deuda con mi marido. A mi marido le debo el poseer una vida sosegada y placentera en la que esfuerzos y contratiempos me son cuidadosamente evitados, en la que mis necesidades se ven con creces satisfechas y mis menores deseos se cumplen con rapidez cuando no se adivinan incluso antes de ser expresados.
Estoy en deuda con mis hijos. A mis hijos les debo toneladas de paciencia, de esa que se derrocha con cualquier desconocido en aras de la civilización y que parece agotarse inmediatamente al cruzar el umbral de la propia casa. En cambio gracias a ellos, que nunca me han escatimado en alegrías, he disfrutado de las mayores carcajadas y de los mejores abrazos. Hoy, Miguel, Alicia, me alegro enormemente de que estéis aquí.
Y me alegro de que estén vuestros amigos, que también son los míos. Me alegro de veros a todos tan jóvenes y en esta academia. Sois nuestro futuro y ojala os veáis en muchas ocasiones como hoy: en lugares donde se preserva el saber y rodeados al mismo tiempo de gente que os quiere.
Estoy en deuda con mis amigos, que cada día me hacen más rica, como persona, pero sobre todo estoy en deuda con mis amigas. A mis amigas les debo quintales de razón, porque son esos seres estupendos que ante cualquier problema lo primero que hacen es darme la razón y alinearse en mi bando. Pueden ofrecer sabios consejos para resolverlo, y a la vez sugerir que tono de uñas sería el mejor para afrontarlo…digan si se puede pedir más.
Y por último estoy en deuda con mi maestro. A mi maestro le debo todo lo que soy profesionalmente y mucho más. No solo le debo la enseñanza de las técnicas quirúrgicas, y su tutela continua hasta llegar a dominarlas, sino que le debo la transmisión de la Ciencia, del Arte de la Cirugía, de su liturgia, de su cadencia, de su ética y de su propia sensibilidad. Más que un aprendizaje esto ha sido como un ritual en el que el chaman, el hechicero, traspasa todos sus secretos a su sucesor y su espíritu habita en él. Ahora yo soy exactamente la cirujana que él adiestró, soy el espejo en se refleja, y se que mis éxitos por tanto son los suyos. Por eso se que este día es especialmente emotivo para él y por eso puedo decir como los toreros, va por ti, maestro.
A todos mis acreedores, les doy las gracias por sus dádivas y mercedes y les anuncio que no podré pagarles con dinero, porque no hay suficiente en el mundo para saldar estas deudas, pero les pagaré con amor, que es otro de los motores que mueven el mundo y a las personas.

A la sazón de mi entrada en esta ilustre académica también descubrí en mí una enorme carestía. A la hora de entonar un discurso, los que serán mis compañeros académicos exhiben una serie de virtudes de las que yo a todas luces carezco.
No poseo la verbigracia andaluza de algunos, ni la capacidad retórica o descriptiva de otros. No dispongo de la espiritualidad ni la filosofía de ciertos académicos elevados, pero además carezco de la vasta experiencia y conocimientos de la mayoría. No ostento cargo alguno representativo o de responsabilidad que me acostumbre a dirigirme a las masas como sucede a nuestros académicos de más renombre. Según las estadísticas de nuestra academia, me encuentro por debajo de la edad mínima, y para remate por no tener, no tengo ni el género que se estila en esta institución. Por todo ello, pensé que debía aprovechar la única cualidad que me hace original y claramente diferente a todos los demás académicos, y esa es que yo soy una mujer.
Y, a pesar de los tiempos que vienen, las mujeres, más que de discursos arengas, o sermones, somos de historias, cuentos, y relatos. Contando cuentos, dicen que una mujer salvó su cabeza y tuvo encandilado a un poderoso sultán durante nada menos que…. mil y una noches….
No pretendo tanto, pero a ver si consigo hilar una narración que también merezca su clemencia y para ello, debo elegir bien a sus protagonistas. Dado el carácter de la profesión que nos reúne hoy aquí, podría elegir que éstos fueran animales, como ya hicieron otros muchos ilustres escritores a lo largo de la historia.
Los primeros relatos de animales con características humanas, como el habla, los utilizaron en la antigüedad grecorromana los esclavos que educaban a los niños patricios, para enseñarles ética y moral. Esopo, Babrio y Fedro han sido los autores mas conocidos.
En la Edad Media circularon por Europa numerosas traducciones de fábulas provenientes del Panchatantra, la más antigua y deliciosa colección de fábulas de la literatura sánscrita. Muchas de ellas fueron a parar a libros de sermones, y el mismo rey Alfonso X manda traducir al castellano una versión árabe, con el título de Calila e Dimna, uno de los conjuntos de cuentos más encantadores que de niña tuve la suerte de leer.
Durante el Renacimiento el mismo Leonardo da Vinci compuso un libro de fábulas y en XVII se revitalizan con las de La Fontaine, Iriarte, Samaniego y John Gay. En el siglo XIX los hermanos Grimm y Andersen escriben cuentos infantiles protagonizados por animales cargados de razón y además la fábula se convierte en un género popular y de burla política.
En estos últimos dos siglos, más que la literatura ha sido el cine el que ha contribuido en gran medida a la visión del animal dotado de raciocinio, pero aún existen escritores que han cultivado el género fabulístico como Augusto Monterroso, Juan Benet o Sam Savage.
Gracias a todos estos autores obtenemos los relatos llenos de seres con forma animal pero adornados con las virtudes humanas y lastrados por sus vicios y servidumbres. Así, todos conocemos a zorras orgullosas que no admiten su incapacidad para coger uvas y lo disimulan con desdén, ranas que solicitan rey y acaban siendo antimonárquicas, y burros con suerte además de afición por tocar la flauta.
A las nuevas generaciones les resultarán más familiares personajes como cierta rata con vocación de chef, tiburones vegetarianos que hacen terapia de grupo, o alguna jirafa hipocondríaca.
A todos estos animales, sus creadores les concedieron los dones del intelecto superior, del raciocinio, nuestra alma, la verdadera esencia de la humanidad.

Y es que estos dones espirituales es lo único atractivo que podríamos ofrecerles, puesto que físicamente nada envidian de nosotros. La adaptación de su cuerpo al medio en el que viven y se desenvuelven es tan insuperable que ningún águila cambiaría su aguda visión por nuestros pobres y despistados ojos, ningún guepardo querría transformar su ágil cuerpo en nuestra torpe osamenta bípeda y cualquier cocodrilo se moriría de hambre, incluso rodeado de ñus en el río Mara, si tuviera que comer armado con nuestra mandíbula y nuestra lentitud de reacción. Sin embargo nosotros sí que envidiamos muchas de las propiedades morfológicas de los animales.

La Biblia, en el libro del Génesis dice que el sexto día dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la Tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.
En realidad, desde que vio el primer rayo, el hombre quiso explicar el mundo y explicarse a sí mismo, para intentar dominar un entorno que le atemorizaba al tiempo que le producía especial fascinación. Así, es el hombre el que crea dioses a su imagen y semejanza, y los dota de atributos, y se reconoce en ellos al tiempo que los adora.
En todas las grandes religiones monoteístas la superioridad del hombre sobre el animal es un dogma de base, como acabamos de oir. Sin embargo el hombre, la última especie en aparecer, la más inadaptada y desnaturalizada, experimenta hacia los animales sentimientos como la envidia, el temor y la culpabilidad. El mundo animal es para él una amenaza, un desafío, un rechazo y un objeto de fascinación al mismo tiempo.
Por eso, de forma fantástica, el hombre siempre ha tratado de adquirir algunas de las propiedades de los animales dando lugar a un elenco sorprendente de criaturas fantásticas.
Por tierra, mar y aire, estos engendros encierran las pesadillas más temibles de la humanidad, pero también sus mayores anhelos, y las inquietudes más íntimas del espíritu humano. Según donde y cuando estos seres son dioses, símbolos, mitos, héroes, o pesadillas…y su presencia pone en duda la afirmación bíblica acerca de la superioridad del hombre sobre las bestias salvajes, ya que, como veíamos antes, cuando obsequiamos con nuestros atributos morales a los animales solamente los hacemos más humanos, sin embargo para nosotros la adquisición de ciertas características del reino animal puede llegar a elevarnos a la categoría de dioses.

Los primeros hombres habitantes de este planeta constituyeron pueblos cazadores y por tanto con un fuerte vínculo con la fauna de su medio, un vínculo más allá de satisfacer sus necesidades de alimento, un vínculo para saciar sus necesidades espirituales, un vínculo místico.
30.000 años antes de cristo, sus rituales ya implicaban el uso de máscaras y disfraces animales para identificarse con ellos, para adquirir sus capacidades, para imbuirse de su poder y de su sabio instinto. Dibujadas en la piedra o talladas en hueso y en madera, dejaron figuras mitad hombre mitad animal, como constancia de su unión espiritual.
De estos primeros orígenes a fabricar y adorar un híbrido fantástico que encarne lo demoníaco o lo divino hay solo un paso.

Desde el III milenio, en el Egipto faraónico, la mayoría de los dioses están representados con cuerpo humano y cabeza animal.
El elenco resultante es bien conocido y todos tenemos en la memoria la imagen del dios solar Horus con cabeza de Halcón, y la de Anubis, con cabeza de chacal, que guía los espíritus de los muertos. Hathor con cabeza de vaca, y Thueris, la diosa de la fertilidad con cabeza de hipopótamo, Sobek el cocodrilo, dios de las aguas, Thot el ibis protector de la sabiduría, y Khnoum, con cabeza de carnero.


Aunque menos populares, lo mismo sucede con las divinidades hindues: Ganesh con cabeza de elefante, Hanuman, de mono, Garuda, de águila, Vajmukha de caballo e incluso el mismo Vishnu que en ciertos avatares figura con cabeza de oso o león.
El budismo tibetano incluye en su doctrina rituales mágicos ligados a divinidades terroríficas de aspecto parcialmente animal Y en las civilizaciones precolombinas proliferaron los híbridos fantásticos, entre otros los hombres-jaguar.
Una bellísima invención de la civilización faraónica, destinada a gozar de una larga posteridad, es el pájaro con cabeza humana. Es un receptáculo del ba, o el alma. El pájaro con cabeza de mujer tiene una connotación más específica. Este ser se asocia al temor de una muerte violenta, o a la idea de que las ánimas de los difuntos vuelven a este mundo para apoderarse de los vivos. Lo encontramos también en Nubia, en Chipre, entre los etruscos, los coptos, musulmanes, hindúes y cristianos; en todo oriente desde Siria hasta Java e incluso allende los mares en la cultura maya.
Sin embargo es en el mundo grecorromano donde estos seres alcanzarán la fama. De entre estos híbridos de mujer-pájaro hay uno cuyo nombre es sinónimo de la perfidia o la maldad femenina: la arpía. (las raptoras, del griego harpé, halcón). Si bien al principio fueron las diosas de las tempestades para Hesíodo, Virgilio las transforma después en criaturas infernales, sucias y odiosas.
En la Eneida podemos leer: “ Ningún monstruo más lúgubre que ellas, y ninguna peste más cruel, la ira de los dioses las engendró en las olas de la Estigia. Virginales son los rostros de estas aves: su vientre echa inmundísimo flujo, y tienen las manos con garras y pálida siempre de hambre la tez. En vuelo horripilante aparecen las arpías y sacuden entre grandes graznidos sus alas y nos roban la comida y todo lo ensucian con su inmundo contacto, terrible suena su voz entre sus fétidos olores….


La asociación de ideas mujer-pájaro-perfidia se mantiene tanto a lo largo del tiempo que hasta Goya lo incorpora en sus Caprichos para representar a las mujeres de mala vida, en cuyas garras sucumben los hombres. El concepto como sabemos permanece hasta nuestros días y hoy las arpías no tienen alas…… pero habitan entre nosotros…..

Estas mujeres con cuerpo de pájaro son las que Homero llamó seirén, en la Odisea, y las que intentaron atraer a Ulises con su canto seductor pero fatídico. Sin duda por esta manía suya de estrellar marinos contra los arrecifes fueron consideradas monstruos en la cultura grecolatina.
Con el tiempo sufren una metamorfosis, quizá porque se ahogaron en el mar al no poder derrotar a Ulises, quizá por identificarlas con las nereidas, hijas de Nereo, que vivían en el fondo del mar, o quizá son un refrito varias diosas, desde la Derketo siria, mujer-pez y diosa de la fecundidad, hasta la Afrodita griega, símbolo de la belleza y la seducción.
El cristianismo termina de precipitar esta evolución y a partir de la Alta Edad Media las sirenas son criaturas marinas, mujeres con cola de pez, peligrosamente seductoras e imposibles de capturar.
Son un claro aviso de los peligros de adentrarse en los mares oscuros y desconocidos de una tierra aún plana para la mayoría y, gracias a los teólogos medievales también son el símbolo del pecado de la lujuria, que conduce al infierno, y de los riesgos de la seducción femenina.
Y parece ser que otras culturas comparten esta opinión pues en la India antigua sus primas, las Apsaras, son las danzarinas celestiales del dios Indra, habitan las aguas e intentan seducir a los ascetas y apartarlos de su espiritualidad. Y es que en todas partes cuecen habas……




Terroríficas o tentadoras, todas las sirenas se distinguen por la calidad de su canto. En el último libro de La República de Platón, ocho sirenas cantan cada cual una nota que juntas componen la armonía pitagórica de las esferas celestes. Dice el filósofo que “del canto de las sirenas depende el equilibrio del mundo”.
Su parte femenina las hace contradictorias: bajo un aspecto voluptuoso, sensual y atrayente se oculta una implacable frialdad hacia el hombre; y son claro exponente del fatalismo, al despertar en él un amor al que deseará abandonarse aún sabiendo que le acarreará la muerte.
Con los años pasaron de ser un peligro para marinos a seres más humanizados, con una imagen más dulce y menos truculenta y así, algunas de las sirenas más bellas y vulnerables fueron las halladas por Oscar Wilde y por Hans Christian Andersen.

Aunque en Egipto, los híbridos de hombre y animal alcanzaron la categoría de dioses, el más popular sin embargo no es uno de ellos, sino un ser llamado la Esfinge, y entre ellas la de Gizeh, a la que los egipcios llamaban Hu, o en árabe Abou el-Hol, el padre del terror.
Perteneciente al reinado de Khefren la colosal esfinge impacta por la solemnidad con la que protege la gran pirámide donde yace su faraón. La naturalidad con la que el rostro del hombre con el tocado faraónico se articula con el cuerpo de león la convierte en una obra maestra del arte universal.
Sin embargo, la genialidad que inspiró una creación de tal magnitud permanece impenetrable cuatro mil años más tarde. Ningún documento nos permite adivinar que pudo significar durante el Antiguo Imperio. Podemos relacionar que está edificada en el borde del Nilo, y que la crecida del río, de la que dependía toda la vida del valle, se iniciaba en verano, precisamente cuando el sol entraba en la constelación del León.

La relación del león con el agua permanece hasta nuestros días y es por ello que en la mayoría de los países mediterráneos, el león escupiendo agua es un ornamento tradicional de las fuentes públicas.
La esfinge egipcia representa el poder del faraón; símbolo de la fuerza y la nobleza, los reinantes la utilizaban para reforzar su imagen de superioridad frente al resto de los hombres.
Tutmosis II, de la última dinastía, la protege de los lodos, y comienza su vinculación al culto solar y su capacidad de alejar los malos espíritus. Así proliferan por el valle del Nilo y las encontramos en todas las civilizaciones orientales y mediterráneas herederas de la faraónica: Siria, Mesopotamia, Grecia, Roma….

La esfinge egipcia, serena, majestuosa y protectora en nada se parece a su pariente griega, bastante más psicópata.
En su etapa helénica la esfinge cambia bruscamente de sexo y se le agregan un par de alas y además, la esfinge griega ha sido posiblemente la primera asesina en serie de la historia. Como buena griega era, además de asesina, filósofa, y concedía una oportunidad a sus víctimas haciéndoles previamente una pregunta existencial.
Vivía en una montaña al oeste de Tebas. Tenía rostro de mujer, pecho y patas de león y alas de ave de rapiña, pero esto era lo menos que se podía esperar teniendo una madre como la suya, Equidna, la víbora, una mujer con cola de serpiente, experta en engendrar monstruos tan horribles (como la quimera) que, de hecho, la esfinge se puede considerar de sus hijas más favorecidas. Criatura resentida, cargada de odio y con evidente mal perder, acabó suicidándose cuando Edipo contestó correctamente a su pregunta.
Gracias a la literatura con el tiempo se despoja de su carácter negativo para ser el símbolo del enigma por excelencia, de las grandes preguntas de la humanidad, del sentido existencial de la vida, de la mujer y de la sabiduría silenciosa.



Más o menos en esta misma época de la Grecia clásica, cerca del Reino de los Muertos, en el Jardín de las Hespérides habitaban tres mujeres con los cabellos de serpientes, dientes como colmillos de jabalí, manos de bronce y alas de oro.
Las llamaban Górgonas y de las tres solo una, Medusa, era mortal. Originalmente era una bella joven pero Atenea la castigó por vanidosa.
Una solo mirada suya podía convertirte en piedra, uno sólo de sus rizos podía vencer a un ejército y la vena izquierda de su cuello proporcionaba un veneno mortal, mientras que de la derecha manaba sangre que podía resucitar a un muerto.
Por eso y aunque no era fácil vencerla, los hombres la perseguían codiciosos de su sangre y sus rizos. En estas condiciones Medusa vivía atemorizada por su vida y llena de rencor y amargura por haber perdido su antigua belleza y su vida social y sentimental, hasta que por fin Perseo cortó su cabeza acabando con esta existencia atormentada.
Por encima de la historia, algunos creen que la decapitación de medusa simboliza la anulación de la mujer y la victoria y el dominio de la sociedad patriarcal. Medusa significa “sabiduría femenina y soberana” y según parece la podemos considerar pionera y mártir de la causa feminista, que fue silenciada con violencia, quedando el poder de su cabeza bajo el control de un hombre.

Todas las religiones y culturas han dado cobijo a estos seres pero si en una se han sentido especialmente mimados es sin duda en la mitología griega.
Esta nos cuenta que el minotauro fue el escándalo de la prensa del corazón en la Creta gobernada por el rey Minos.
Hijo de un affaire de su esposa, la reina Pasifae, con un toro enviado por Poseidón su verdadero nombre era Asterio o Asterión, pero popularmente se le llamó Minotauro, para humillación de Minos y sobre todo de su rey, que, avergonzado del monstruo-hijo-bastardo de su mujer, le alojó en un laberinto que encargó al arquitecto ateniense Dédalo, del que fuera imposible hallar la salida.
A este monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano se le sacrificaban periódicamente jóvenes atenienses hasta que Teseo que iba a ser uno de los sacrificados y Ariadna enamorada de él, deciden solucionar el problema matando al minotauro. Un auténtico culebrón de la época, sin duda.
Aunque sin alcanzar el carisma del minotauro Asterio, es verdad que otros seres similares proliferan en Mesopotamia, Siria y Persia hasta la conquista musulmana.

Poco después de todo este drama, sucedió un buen día que Ixión fue invitado por Zeus al Olimpo para purificarse de sus pecados, todos relacionados con el sexo y la bebida. Sin embargo éste, lejos de arrepentirse, se dedicó a seducir a Hera, que se transformó en una nube para escapar de su acoso. Fruto de los amores de Ixión con la nube nacen los centauros.
Mitad hombre, mitad caballo, fueron el auténtico terror de las mujeres de la Grecia antigua, entre otros méritos igualmente dudosos. Estos vástagos eran igual que su padre: Borrachos, lujuriosos, pendencieros y malhumorados. De su desbordante sensualidad no se salvó ni la mujer de Hércules (Deyanira) ni más recientemente, cierta profesora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, y, según parece, casi nadie ha visto un centauro sobrio.
Una versión previa y algo más edulcorada es el sagitario, o centauro que tira con arco (del latín sagitta, flecha), de origen mesopotámico y más extendido hacia oriente. Es especialmente significativa la imagen de estos sagitarios apuntando hacia la cabeza de dragón que está al final de su propia cola, y que se interpreta como el símbolo de los esfuerzos que hace el hombre por dominar sus malos instintos.
Una excepción a la regla general de híbridos cuadrúpedos, maltratadores femeninos, borrachos, y con mal genio es la de Quirón, un centauro muy diferente. Su doble naturaleza se la debe a Cronos convertido en caballo para amar a la ninfa Filira, una madre que tuvo muchas razones para estar orgullosa de su hijo.
Fue maestro de Jasón, de Aquiles, de Hércules y hasta del dios Apolo. Además de impartir música y artes guerreras fue sobre todo un gran médico que dio lecciones a Esculapio, el mismísimo dios de la medicina y curó la primera herida de Aquiles, su famoso talón, realizando así el primer transplante de la historia médica.
Padre de la medicina experimental, para nosotros como veterinarios es una figura central como cirujano y sanador de bestias y Plutarco le atribuye el primer tratado sobre enfermedades del caballo.
Medio hombre y medio caballo, Quirón es el símbolo de la unidad de la ciencia, por encima de su aplicación a una u otra especie.

Fabricados de una pasta similar a los centauros y asociados ocasionales en orgías y atropellos fueron los faunos y los sátiros, divinidades campestres provistas de cuerpo peludo, patas de cabra y torso y rostro de humano barbudo, dos cuernos y dos largas orejas puntiagudas.
Son compañeros y compinches del dios Pan, nacido también mitad cabra y mitad hombre. Es curioso que contrariamente a lo que sucede en muchos casos, sobre todo entre los dioses, que suelen carecer de padre conocido, Pan era hijo de Hermes, pero de madre desconocida, aunque se especula con que quizá fuera la cabra Amaltea. Aunque Pan significa “todo”, este dios renunció al poder y a la vida de intrigas, amor y lujo del Olimpo, y prefirió dedicarse a inventar la flauta y a llevar una vida sencilla en el campo de Arcadia, donde en ocasiones ayudaba a los pastores, y en otras despertaba en ellos un terror denominado pánico en honor a su nombre, sobre todo si perturbaban su profunda y plácida siesta.
Este comportamiento imprevisible le convierte en el dios de las fuerzas irracionales que mueven el mundo y emanan de la tierra, empezando por la sexualidad. Eso explica a la vez la mala reputación del Dios y también su inmensa popularidad. Tanto es así que la imagen medieval del demonio es idéntica a la del dios Pan, curiosamente.
Los sátiros también formaban parte del séquito del dios Dionisio, o Baco para los romanos, dios del vino, desenfrenado, alegre e irresponsable.

El famoso rey Midas, adquirió el poder de convertir en oro todo lo que tocaba al capturar a Sileno, un viejo sátiro, compañero de Dionisio, que casi siempre andaba ebrio. En una de estas monumentales curdas lo encontraron unos campesinos que lo llevaron ante su rey. El don del rey Midas fue el rescate que tuvo que pagar Dionisio para que le devolvieran a su amigo Sileno.
Ya sabemos que el oro no le trajo la felicidad, pero las cuitas del pobre rey Midas no acaban aquí y siguen guardando relación con el mundo animal, puesto que terminó sus días con unos apéndices extras. Para que aprendáis a no intervenir en disputas de dioses os diré que Midas fue el juez de la versión de Operación Triunfo de la época y tuvo que votar entre los finalistas, Pan tocando la flauta o Apolo con su lira y votó por Pan. Por supuesto Apolo se lo tomo con escasísima deportividad y castigó su falta de oído musical otorgándole unas hermosas orejas de asno.

Pasa el tiempo y las generaciones de hombres se suceden, pero los dioses y los mitos permanecen. La edad media y las sucesivas los heredan y aportan nuevos seres merced a nuevas fuentes. El hombre que antes creaba seres fantásticos por idolatría o temor reverencial hacia su entorno, ahora comienza a observar la naturaleza como una ciencia, pero no por ello abandona la herencia mitológica.
Aristóteles es el primer naturalista con pretensiones científicas, pero se pierde en el universo del mito. Así, en su Historia de los Animales encontramos a muchas especies actuales, pero también aparecen descritos hasta 20 animales fantásticos, entre ellos, el asno salvaje unicorne o monoceros y el dragón, sin que haya distinción alguna entre los reales y los imaginarios.
Plinio el Viejo fue el gran difusor de las crónicas de Aristóteles y de los mitos indios, persas y griegos y transcribe las leyendas más inverosímiles, dándoles total credibilidad, de forma que su Historia Natural está llena de descripciones de animales como el achlis, el leucrocotas, la anfisbena, el catoblepas, monocerontes, licántropos, y aves fénix.
Nos cuenta que “hay entre los etíopes un animal llamado mantícora. Tiene cara y orejas de hombre, ojos azules, tres filas de dientes, cuerpo carmesí de león y cola que termina en un aguijón, como los alacranes. Dispara espinas venenosas, corre con suma rapidez y es muy aficionado a la carne humana”. Esta criatura no es pariente ni de quimeras ni de górgonas y ningún héroe alcanzó la fama por matarla. Para Plinio y los demás naturalistas no es un mito que habite en el Olimpo, sino un ser cuya existencia es exótica, pero totalmente real.
Todas estas obras devinieron en fuentes inagotables de inspiración para los autores de bestiarios, y todas ellas, por sí solas, merecerían horas de deliciosa y divertida disertación. También numerosos teólogos recogen esta abundante información sobre los animales reales y fabulosos: San Ambrosio, San Agustín en su inmensa obra, y finalmente San Isidoro, que recoge en Las Etimologías todo el conocimiento de los naturalistas precedentes.
Si para otras religiones estos híbridos mitológicos fueron dioses, el cristianismo los acoge, no como ídolos que adorar, sino como ejemplo de actitudes impropias del creyente, metáforas para expresar moral, ilustrar virtudes o vicios. No es extraño, que los artistas de la época, con la excusa de representar escenas que infundan temor de dios, y con tanto relato fantástico más alucinógeno que el LSD, pueblen de seres monstruosos los capiteles, altares, pórticos, frontispicios, bóvedas, tribunas, criptas, lienzos y tablas de todo edificio religioso que se construye. Son imágenes destinadas a sumergir al creyente en el temor, para poder conducirlo después al arrepentimiento y a la fe. Imposible no citar aquí como claro ejemplo la pintura de Jerónimo Bosco, paradigma del artista imbuido de la visión medieval onírica y grotesca, de una época cruel y llena de ignorancia y epidemias.
Aunque digamos que híbridos y monstruos han servido al cristianismo sólo como símbolo y ejemplo para evangelizar, no debemos, de cualquier modo mofarnos de las religiones que los idolatraron. No olvidemos que en la religión católica los ángeles que se adoran son humanos alados el demonio que se teme tiene patas y cuernos de macho cabrío.




En la Edad Media, otra de las mayores fuentes de aportaciones de híbridos fantásticos son los relatos de viajes. Los europeos siempre han sido grandes viajeros y en esta época las travesías son fácilmente fuente de sorpresas y maravillas pues mucho era lo desconocido. A su vuelta, las aventuras y descubrimientos de estos viajeros se prestan al relato, con la condición de que éste asombre y no sea aburrido, y por tanto se exagera y se imagina lo que para ello sea menester. El lema de estos documentalistas pioneros podría ser el de aquel famoso bluesman: no dejes que la verdad te estropee una buena historia.
El médico griego Ctesias fue el precursor de estos relatos, al pasar varios años en Persia. En realidad no llegó allí como osado explorador sino que fue capturado como esclavo, pero ya que estaba, supo aprovechar su situación de observador involuntario y anotó lo que veía, y lo que narraban otros viajeros de países cercanos, como la India. Sus “Historias de Oriente” son la primera descripción en la literatura de tres animales fantásticos con gran porvenir, como la mantícora (que luego retomó Plinio), el grifo y el unicornio.
En la literatura medieval dos grandes relatos de viaje servirán de referencia, y ambos son, en gran parte imaginarios. El primero es la “Navigatio” que narra la odisea de San Brandán, monje irlandés del siglo VI que partió en busca del paraíso, y el segundo es el Romance de Alejandro, un joven héroe griego en viaje a las Indias. Ambos relatos se sitúan en el oriente misterioso y albergan una fauna de animales fabulosos y de extraños especímenes de la humanidad exótica.
A partir del siglo 13 parten de Europa los primeros peregrinos, misioneros y exploradores de Asia como Guillermo de Ruysbroeck, franciscano flamenco enviado por el rey ante el gran khan de Mongolia, el mercader veneciano Marco Polo que dictó el “El libro de las maravillas del mundo” a su regreso de Oriente, el franciscano Odorico de Pordenone, empeñado en difundir el evangelio en China, y André Thevet que recorrió primero Asia en el siglo XVI recogiendo la información en su “Cosmografía”, y después el nuevo mundo.
Entre estos valientes exploradores deberíamos incluir al inglés John de Mandeville, sin embargo no lo hacemos porque sabemos que nunca llegó más allá de Jerusalén, debido a que era hombre enfermo de reuma y de temperamento medroso, todo lo cual no supuso un problema para que describiera el mundo hasta sus confines en el siglo XVI y que este texto fuera traducido a todas las lenguas europeas, y sirviera de inspiración para las fantasías de los cartógrafos.
De estos viajes, una de las aventuras más deliciosas es la que nos cuenta Odorico, el franciscano, a raíz de su visita a un templo budista donde se encuentra con unas extrañas criaturas.
El monje budista que le acompaña toma dos grandes vasijas llenas de restos de comida, las deposita en un jardín y dice Odorico que “al agitar una campanilla bajaron del monte hasta tres mil bestias, que tenían rostro humano, y forma parecida a las marmotas. Cuando estas hubieron comido todas regresaron adonde habían venido. Yo lo tuve por gran maravilla”.
Recordemos que en los monasterios budistas se acogen a menudo a los monos, cuidándolos y alimentándolos. Quizá la gran maravilla observada por Odorico tenga cierta relación con esto…..
André Thevet dice que en el Mar Rojo, los nativos le trajeron a la bestia Thanacth, una criatura semejante a un tigre, sin cola, con las manos delanteras y el rostro de un hombre, chato y con pelo negro y rizado para más señas. En África encontró una bestia del tamaño como un mono grande, con rostro y cabeza de niño. Una vez capturado este ser solo lanza suspiros y los salvajes del lugar le informan de que solamente vive de viento.
Mandeville, que no retrocede ante las mayores audacias, nos relata que “En aquesta tierra hay animales llamados hipotonies, los cuales son medio hombre y medio caballo. Y cuando ellos alcanzan alguna persona, ellos se la comen”.
Entre las muchas maravillas que encuentran estos viajeros se hallan ciertos híbridos de ser humano y animal denominados cinocéfalos. Marco Polo, nos dice de la isla de Agamán en la India: “pues en verdad os digo que todos los habitantes de esta isla tienen cabeza de perro y dientes y ojos como los de este animal. Son gentes muy crueles, que se comen crudos a cuantos hombres pueden capturar”. Odorico se los encuentra en la isla de Vacumerán y Mandeville va más allá al afirmar que son razonables y de buen entendimiento.
La descripción de estos seres y su comportamiento nos recuerda en cierta medida a la del hombre lobo, y es cierto que, el encuentro de los viajeros con tribus salvajes de aspecto animal, lenguaje gutural y costumbres antropófagas debió contribuir a dar veracidad a este mito, aunque realmente su origen es más antiguo y más incierto.
Herodoto, viajero e historiador, en el siglo V a.c. nos habla de los “neurianos”, que una vez al año se transformaban en lobos, y Petronio, en el siglo I, nos relata el caso de un soldado que se convertía en lobo ante los ojos horrorizados de su criado.
El rey húngaro, Segismundo, consiguió que la Iglesia, en el Concilio Ecuménico de 1414, reconociera oficialmente la existencia de los hombre-lobo. Este hecho sumado a las características sociales y sanitarias de la época hizo que el mito del hombre lobo adquiriera enormes proporciones, y se convirtiera en un problema de seguridad pública, implicando al Santo Tribunal Eclesiástico, que procesó y condenó a la hoguera a más de 100.000 presuntos hombres-lobo entre los siglos XV y XVII.
La ciencia ha intentado buscar explicación a la existencia de este ser. Las teorías antropológicas nos dicen que originalmente debió obedecer al deseo del hombre de poseer el poder y la fiereza de las bestias salvajes de su entorno, para sobrevivir en un mundo hostil. Así, existen versiones de hombres–bestia en casi todo el mundo variando el tipo de animal según el lugar: hombres-tigre de la India, hombres-pantera, leopardo, hiena o cocodrilo de África, o los hombres-oso rusos y escandinavos.
Por otra parte los afectados de hipertricosis, hirsutismo o porfiria, en una sociedad sin cocimientos médicos suficientes, han podido pasar perfectamente por hijos de lobo, debido a su apariencia peluda.
En los siglos XVIII y XIX, los distintos casos de niños salvajes criados entre animales, contribuyeron a alimentar esta leyenda, si bien la comunidad científica los documentó y estudió con rigor consciente que no eran ni híbridos ni diablos.
Actualmente la teoría más aceptada es la de la enfermedad mental. Igual que el mito a veces es hombre y otras lobo, el enfermo sufre temporalmente una violenta y feroz personalidad, con rasgos de sadismo y canibalismo. Muchos condenados medievales por licantropía fueron en realidad psicópatas asesinos que despedazaban y devoraban a sus víctimas, y en la actualidad este perfil es fácilmente reconocible en asesinos tristemente famosos como Manuel Blanco Romasanta, el hombre-lobo de Allariz o el Carnicero de Rostov.

Volviendo a nuestros osados pioneros de los viajes, y a sus maravillosos hallazgos, todos ellos dicen encontrar por esos mundos sirenas con cola de pez y mujeres-serpiente sin mayores problemas.
Los navegantes portugueses muy creyentes en historias de sirenas, no tardan en hallarlas en sus travesías por la India. Algunos misioneros portugueses y Dimas Bosque, de Valencia, medico del virrey de Goa, en 1570, fueron testigos de la captura de siete hombres marinos y nueve mujeres cerca de Ceilán y el último hizo el examen anatómico de uno de los monstruos, convenciéndose de la semejanza de su organismo con la del hombre.
Con estos antecedentes, los navegantes españoles, en sus primeras expediciones al Nuevo Mundo, no podían por menos que toparse con estos seres marinos. El mismo Cristobal Colón registra en el libro de bitácora haber visto una sirena frente a las costas de Florida, en 1493, si bien el encuentro fue decepcionante pues dice el marino que “se elevaron del mar pero no eran tan hermosas como se representaban y tenían el rostro algo hombruno, si bien no dañaron la nave”.

 Se ha comentado repetidamente que para los marineros sometidos a privaciones en las largas travesías, faltos de compañía femenina, e imbuidos del mito de las sirenas, las sinuosas formas de manatíes, focas, leones marinos y similares, debieron parecerles modelos de Rubens.
En el XIX se fundan muchos museos de historia, algunos de los cuales poseen especímenes algo engañosos.
En los puertos de los mares del sur (Macao, Singapur), los comerciantes chinos se dieron cuenta de la atracción de los occidentales por los híbridos, reales o inventados, que pudieran esconderse en el misterioso oriente. Entonces comenzaron a fabricar monstruos, sobre todo sirenas, mezclando pieles o esqueletos de distintos animales, que después vendían a los europeos y americanos como si fueran eslabones de la evolución. (Esto sin duda fue un primer esbozo de lo que luego serían las tiendas de los chinos).
Muchos de estos híbridos inventados fueron exhibidos en museos donde serían tomados por verdaderos y admirados por el público.

Un monstruo es algo que existe contra natura. La unión de humanos y animales da lugar a híbridos monstruosos y así se explica desde Plutarco la existencia de minotauros, silvanos, egipanes, esfinges y centauros.
El alumbramiento de seres deformes y monstruosos era asunto corriente durante la Edad Media y es fácil imaginar la fascinación que producían y las teorías científico-teológicas que se elaboraban al respecto. Llenas de estos seres y repletas de explicaciones sobre su formación se encuentran las crónicas de Rolenvinck y de Schedel, de últimos del 1400, la Cosmografía de Sebastián Münster, la Historia animalium de Conrad Gesner, el Prodigiorum ac ostetorum chronicon de Conrad Wolfhart, mas conocido como Licosteno, y la Cosmografía de André Thevet, todas ellas de mediados del 1500.
Entre todas estas obras, me quiero detener en una como es el tratado “De monstruos y prodigios” del cirujano Ambroise Paré. Paré pretende recoger todas las anomalías que un médico de su tiempo pudiera encontrar, pero, para nosotros, es el testimonio de un hombre cultivado de la segunda mitad del siglo XVI, crédulo y lleno de ingenuidad, que no encuentra asombroso el nacimiento de vacas bípedas o de monstruos marinos. Para este ilustre médico, las causas de los monstruos son varias y a cual más razonable.
Concretamente los híbridos son consecuencia directa de la cólera de Dios.
Son un castigo divino al copular como animales con una mujer manchada de sangre menstrual, y este acto, al ser brutal, engendrará brutos, animales, hibridados de humanos. Paré aporta como prueba este potro con cabeza humana nacido por tal causa en Italia y este ser con un cuerno en la cabeza, dos alas, una sola pata de ave, un ojo en la rodilla y ambos sexos.
Según Paré otra causa de niños monstruosos es la imaginación ardiente y obstinada que puede tener una mujer mientras concibe.
Por ello, y cito “es preciso que las mujeres, a la hora de concebir y cuando el niño no está aún formado no miren ni imaginen cosas monstruosas”. O s, viene a ser como lo de los antojos, que si la madre los tiene el niño nacerá con un mancha, pero a gran escala.
Paré también elabora teorías llenas de lógica, como que estos híbridos nacen como consecuencia de la confusión y mezcla de semen y son productos de los sodomitas y ateos que se aparean contra natura con las bestias. Paré nos muestra, como resultado de estos actos abominables, este niño engendrado de una mujer y un perro, o estos seres que parieron dos cerdas tras mantener un idilio con algún vecino del pueblo.
Aparte de estas teorías y de sus pruebas científicas, Paré también recoge los testimonios de viajeros que han visto tritones y sirenas en el Nilo, monstruos marinos con cuerpo de niño, con cabeza de fraile o mejor aún, con aspecto de obispo con su mitra y todo, que hasta en los monstruos hay jerarquías.
Aunque nos parezca mentira, la obra de Paré gozó de reconocido prestigio entre las élites cultivadas del momento. Tras ella, los tratados teratológicos como el Monstruorum Historia de Aldrovandi se multiplicaron en el siglo XVI y el XVII y hasta mediados del XVIII los naturalistas siguieron creyendo que el acoplamiento entre especies era posible y fructífera.
Aunque siempre fueron del gusto, bastante dudoso, de reyes y nobles, en el siglo XIX y hasta principios del XX, fue toda una moda que humanos con deformidades y anomalías congénitas se exhibieran en los circos y ferias.
Entre ellos, los presuntos híbridos de hombre-animal, fueron de los fenómenos más apreciados, por su éxito entre las masas y por las ganancias que reportaban.
Theodore Petroff, el hombre-caniche y su sucesor en el circo, Stephan Vibroski el hombre-leon, fueron dos de la maravillas circenses más populares del siglo XIX. Cultos y divertidos, fueron muy queridos por el público y la prensa, y realizaron una exitosa carrera en el mundo del espectáculo.

La realidad, una vez más es capaz de superar a la ficción, a la mitología y al relato fantástico y prueba de ello es la historia de la “mujer-oso”. También conocida como la “mujer-mono” o el “híbrido maravilloso” se llamó en realidad Julia Pastrana y nació en 1834 en Méjico afectada de hipertricosis e hipertrofia gingival, resultando de lo cual un cuerpo de 137 cm, enteramente cubierto de pelo negro y abundante, con una mandíbula inusualmente prominente y varias filas de dientes desordenados. Un manager sin escrúpulos se casó con ella para poder exhibirla, y estando embarazada llegó a vender entradas para el parto, sin embargo, tanto ella como su vástago fallecieron en los días posteriores al alumbramiento. Para poder continuar con el negocio, el marido los mandó embalsamar, a ella concretamente vestida de bailarina rusa, al gusto de la época, aunque más bien fue un auténtico trabajo de taxidermia.
Tras muchas peripecias, hoy sus cuerpos se conservan en el Instituto de Medicina Forense de Oslo, donde solo están disponible para estudios científicos.
A pesar de que la comunidad médica de la época conocía la base patológica de estos fenómenos, no faltaron pésimos profesionales de la medicina que por ignorancia o interés certificaron que, en efecto, eran producto de la hibridación de hombre y animal, ayudando así a la confusión del vulgo respecto al origen de estos seres. Otros hombres de ciencia, por el contrario, demostraron su calidad humana y científica ante estas anomalías de la naturaleza.
El caso más popular y totalmente real, fue el de Joseph Merrick, nacido en Inglaterra en 1862 y conocido en la historia como el hombre-elefante. Deforme y monstruoso, pero dotado de una personalidad extremadamente dulce y sensible, vivió una vida llena de marginación e infortunios y fue explotado en una feria donde era exhibido y tratado como un animal hasta que fue rescatado por un joven doctor: Frederick Treves.
Este cirujano reconocido y científico notable, que pasará a la historia por ser el pionero de la cirugía abdominal, no sólo aportó a Merrick cuidados y dignidad humana, sino que le dio un verdadero hogar y una vida social, llegando a ser una celebridad en la sociedad victoriana.
Basada en esta historia real, en 1980 David Lynch dirige una película de culto, emotiva y dramática, con un reparto de lujo. Precisamente, la primera escena de la película muestra a un elefante arrojándose contra una mujer indefensa, dándole un cierta connotación sexual. El mismo Merrick atribuía su deformidad a esta causa, y así lo pregonaban sus explotadores circenses y lo creyeron muchos de sus contemporáneos. No así el Dr. Treves ni sus colegas, aunque no supieron dar un nombre a la enfermedad. Algo normal si se piensa que el Síndrome de Proteo, que fue la verdadera afección de Joseph Merrick, no se describió hasta un siglo después, en 1979. Bastante hicieron estos grandes médicos al estudiar el fenómeno en vida, con rigor científico, y a la vez con cariño y respeto y conservando su esqueleto y sus órganos para la ciencia tras su muerte a los 27 años de edad.
Su actitud debe servirnos de ejemplo y admiración y se ajusta de forma excelente al lema de nuestra academia: “Ex scientia dignitas”.


Atravesando el tiempo nos encontramos ya en el siglo XXI. Hemos sonreído con la ingenuidad de nuestros antecesores porque en nuestra era la visión del mundo y de la vida es muy diferente. En nuestro planeta ya no quedan lugares remotos por descubrir, y la información sobre cualquier fenómeno natural es objetiva y ampliamente documentada. Hemos descrito el mapa del genoma humano, y desvelado nuestros orígenes; y sabemos lo suficiente como para separar con éxito a dos siamesas unidas sin confundirlas con la hidra de Lerna ni condenarlas a la hoguera. El hombre de hoy ya no está en comunión con la naturaleza ni tampoco la teme, sino que la domina y somete a los animales.
En este ambiente, parece que ya no pueda haber lugar para los híbridos mitológicos, sin embargo, basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que no han desaparecido y que hombres-lobo, centauros, sirenas y faunos habitan en nuestros libros, ordenadores y cines llenos de vitalidad y realismo, dispuestos a vivir nuevas aventuras, sin aparentar que tienen tantos años como el hombre sobre la tierra, como si acabaran de nacer y de ser descubiertos por las nuevas generaciones, como si no tuvieran una gran historia a sus espaldas, fruto de una larga relación con el ser humano.
Hoy, a los que ya existen, se suman otros híbridos fantásticos, nacidos del estilo de vida y pensamiento de estos nuevos tiempos. Si en los tiempos pasados los híbridos monstruosos eran consecuencia de la cólera de dios, ahora son consecuencia del hombre de ciencia que juega a ser dios alterando las leyes naturales y recibiendo castigo por su osadía.
Ejemplo de ello es el científico Jeff Bundle que decidió probar con él mismo el aparato de teletransportar objetos que había desarrollado. En el proceso de desintegración y recuperación molecular una mosca se introdujo con él en la cámara convirtiéndole en un terrible híbrido. El físico nuclear Otto Octavius inventó unos brazos mecánicos que le ayudaran a manipular sustancias en sus experimentos de física atómica. Debido a una explosión radioactiva los tentáculos quedaron fusionados a su cuerpo y a su médula, convirtiéndole en una especie de pulpo de 8 brazos. El joven fotógrafo Peter Parker asistió a una demostración científica durante la cual fue mordido por una araña manipulada genéticamente. Al poco tiempo descubrió que poseía la fuerza y la agilidad de la araña y un agudo “sentido arácnido”, que le vinieron de perlas para frenar al Dr. Octopus en sus desmanes. La evolución del hombre es un proceso lento pero a veces da un gran salto debido a mutaciones, originando humanos dotados de alas para volar, dientes de tigre, lenguas de sapo, o instinto de lobo.
Y vendrán más…….
La combinación de hombre y animal arroja tantas posibilidades que no terminará aquí.
A veces dioses, a veces monstruos, a veces seres desgraciados y a veces superhéroes, pero siempre fascinantes.
Me doy cuenta ahora de que prometí contarles un relato, un cuento y que no he pasado de elucubrar sobre sus protagonistas y aún tengo tanto que decir.
Me hubiera gustado contarles que pienso que esta academia y los profesionales de la veterinaria tenemos además un papel especialmente relevante en todo lo que acaban de oir, puesto que la naturaleza animal de estos seres algún día también enfermará y necesitarán de nosotros y de nuestra ciencia y por tanto, deberíamos empezar a formar veterinarios especializados que sepan de sus peculiaridades, su cuidado y patologías propias. Pienso que esta formación debería comenzar con una asignatura en la que se estudiara el manejo de estos seres, por ejemplo incluyendo en el temario que la única forma de atrapar un unicornio vivo es buscando……
…pero me extiendo ya en demasía, así que esta será otra historia y tendrá que ser contada en otra ocasión.

Hasta entonces, gracias por su paciencia…..













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